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Aquel Bayern tomaba el relevo del Ajax de Cruyff, otro mito con el que Beckenbauer mantuvo una rivalidad ya legendaria. Con el adiós a Beckenbauer se cierra una década negra para varias generaciones de aficionados, que han ido perdiendo a sus grandes ídolos en estos últimos años: Di Stéfano, Cruyff, Maradona, Pelé y ahora el káiser, como se conocía popularmente al cerebro alemán. Si en el 74, como jugador, había batido a la Holanda de Cruyff, en el 90 como seleccionador fue capaz de doblegar a la Argentina de Maradona. El cenit llegó en el Mundial de 1974, con el enfrentamiento de Holanda y Alemania en una final en la que el káiser acabó levantando la copa Jules Rimet como capitán de la mannschaft. La leyenda de los bávaros empezó a labrarse con la irrupción del káiser en el primer equipo, que se tradujo en un dominio aplastante en el fútbol mundial a mediados de los 70, conquistando tres Copas de Europa seguidas. Aquel dominio que ejercía como futbolista le valió a Beckenbauer para convertirse en el primer defensa en ser galardonado con el Balón de Oro, hito que logró en 1972, año en el que ganó la Eurocopa con Alemania, y que repitió en 1976, cuando ganó la tercera Copa de Europa consecutiva.
Algunos son clásicos muy conocidos: Berlusconi, que hizo su fortuna con Mediaset antes de ser presidente del AC Milan y, posteriormente, de Italia; o la familia Agnelli, propietaria de la Juventus y del grupo automovilístico Fiat. Por primera vez en la historia, o al menos desde 1880, un jugador del país que inventó el fútbol va en camino de ser reconocido como el mejor jugador del mundo. Los magnates que en los últimos años se han hecho con el control de los grandes clubes europeos de fútbol proceden de todos los rincones del mundo. Entre ellos, François-Henri Pinault (Rennes), uno de los hombres más ricos del mundo presidente de un conglomerado de marcas de lujo (Gucci, Balenciaga e Yves Saint Laurent, etc.); la rusa Margarita Louis-Dreyfus (Olympique de Marsella); el también ruso Dmitri Rybolovlev (Mónaco), que ha hecho su fortuna con las minas de potasa que posee en los Urales; o el jeque Nasser Al-Khelaïfi, propietario de Bein Sport, quien controla el PSG junto con Qatar Sports Investments.
El desequilibrio en casi todo caracteriza al mundo en el año 2023 y el deporte, una vez más, ha sido su fiel reflejo. En el año 1937, debuta en la Serie A. Desde entonces se alternaron periodos de estabilidad en el fútbol de élite con fases de oscilación entre la Serie A y la Serie B. Los mejores puestos los logró en la temporada 2016-17, cuando terminó cuarto, y en la temporada 2018-19, tercero. En su primera temporada como jugador bianconero, ganó la Serie A y la Copa de Italia y fue subcampeón de la Liga de Campeones. Como se vuelve a constatar partido tras partido, el jugador indispensable del Manchester City es otro, uno en cuya ausencia del once el todopoderoso equipo se vuelve frágil y humano: el magnífico madrileño y estrella de la selección española, el infravalorado Rodri Hernández. En la Premier League, abundan los propietarios procedentes de Estados Unidos: E. Stanley Kroenke (Kroenke Sports), en el Arsenal; la familia Glazer (con múltiples empresas deportivas y bienes raíces), en el Manchester United; o el inversor John W. Henry, en el Liverpool, entre otros. Y por supuesto, están algunas de las grandes fortunas del mundo: el magnate del petróleo Roman Abramovich, del Chelsea, o el jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, del Manchester City.
El resultado extendió la carrera invicta del City a 21 encuentros en todas las competiciones en los últimos tres meses. En España hay tres clubes que tienen un estatus jurídico aparte: Real Madrid, FC Barcelona y Athletic de Bilbao no son sociedades anónimas deportivas. Además, hay otros clubes que están controlados por empresarios españoles, quienes de manera directa o indirecta, manejan la mayoría de sus acciones: es el caso de Fernando Roig (Pamesa, camiseta napoles Mercadona) en el Villarreal o Carlos Mouriño (Grupo Corporativo GES) en el Celta de Vigo. Por último, en Italia, la mayoría de los propietarios son empresarios nacionales. Son, junto a Osasuna, los únicos clubes que son propiedad de sus socios, y por tanto tampoco están al alcance de los multimillonarios amantes del fútbol. En Francia también hay multimillonarios que tienen su propio club de fútbol. Fue convocado por su selección para jugar la Copa Mundial de Fútbol de Corea y Japón de 2002, aunque no llegó a disputar ningún partido, al lesionarse durante el calentamiento del primer partido de la fase de grupos, frente a Nigeria. Aunque ganó una Bundesliga y una Copa de la UEFA con el Bayern, su mayor logro fue conquistar el Mundial de Italia’90 al frente de la selección alemana.